vida de este chico

Friday, October 20, 2006

El caro precio de la ignorancia

Hace ya bastante tiempo (los 90, cuando había pesetas), como cualquier estudiante, mi hermano y yo disfrutábamos de una tranquila y relajada tarde de estudios. Mis padres se habían largado y en casa todo era paz y armonía, culturizándonos mientras escuchábamos un poquito de tito Vivaldi. Pero el caso es que los caprichos del destino darían la vuelta a la tortilla:

El incómodo sonido del portero electrónico interrumpió la tranquilidad. Por lo visto mis padres habían quedado con el técnico para que nos arreglasen el termo y como no estaban nosotros nos hicimos cargo. Para comenzar, este personaje que decía ser amigo de mis padres, se presentó en casa supuestamente para arreglarnos el problema, lógico si no fuera por que el tio no llevaba ni una puñetera herramienta encima, algo de extrañar en un especialista. Aun así dejamos que los acontecimientos siguieran su curso natural.

Mientras nuestro hombre miraba el termo tranquilamente pensé que había dado con la avería porque se echó la mano al bolsillo, supuse que para sacar algún tipo de libreta y hacer sus anotaciones o algo, pero lo que sacó fue un paquete de ducados. No sé por qué pero mientras agarraba el cigarro con el índice y pulgar y poniendo cara de Robert de Niro me dio la sensación de que el nota iba a hacer más bien poco. En breve, entabló conversación con mi hermano y comenzaron a cumplirse mis peores pronósticos:

técnico: ¿qué le pasa al termo, que sá jodio no? (fumándose el ducado)
Rafa: sí, le das a la caliente y no va.
técnico: aahhhm......, estooo....., niño ¿tu tienes herramientas?...
Rafa: ....ehhh,.......¿¿cómo??
técnico: que si tienes herramientas, que tu padre me dijo que tenía por ahí.

(...segundos de silencio...)

Rafa: ...eehh,.....sí. (con cara de “veremos a ver este tio”)
técnico: “po sácamelas toas”. (y le pega otra calá al ducado)

Mi hermano, en pijama y babuchas, agachaba el lomo para coger la caja de herramientas de mi padre que pesa 25 kilos mientras nuestro amigo ojeaba el termo sin inclinarse un poco para verlo por debajo. Yo, un mero espectador, intuía que mi hermano, sudando cual peón de albañil, se estaba cagando en los muertos del tio que , sin soltar el ducado, le dijo:

técnico: dame un destornillador...., o algo.
Rafa: ...¿o algo?, pero..., algo como qué.
técnico: lo que sea, lo primero que pille. Y apartarse. (...¿?).

Sin saber qué era lo que pretendía, mi hermano echó mano del primer destornillador que había. ¿Cómo se puede arreglar algo con “lo primero que pille”?. Además, con el “y apartarse” yo personalmente me acojoné, no sé, llamadme maricona. Todas nuestras dudas se despejaron cuando nuestro amigo empezó a meterle 2 o 3 “estacazos” al termo como el que le pega a un cojín. Mientras yo me tapaba la cara y mi hermano se echaba las manos a la cabeza, el “ ”técnico” ” escupía en los libros y conocimientos de fontanería (metáfora).

Lo más graciosos es que cuando abrimos el agua caliente el termo salió en marcha. Lo que está claro es que o funcionaba o ehcaba el termo a bajo a ostias. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando, pegándole otra calá al ducado, miró a mi hermano y con voz tranquila le dijo: “ po ya está, son 4.000 pts.. Dále recuerdos a tus padres, niño”..... Y pa casa.

Mientras se iba con los billetes calentitos que había ganado en menos que fumarse un cigarro mi hermano guardaba la caja de herramientas sudando, maldiciendo y, evidentemente con 4 talegos menos que nos los podríamos haber ahorrado con un par de patonas al termo. Sí amigos, esto es así. La ignorancia se paga. Y muy cara. Afotunadamente la pagó mi padre que para eso era “coleguita suyo”. Esto hace que uno se replantee su futuro laboral auque solo haya sido una experiencia más en la vida de este chico.

Moraleja: “antes de llamar a cualquier técnico, utiliza el método tradicional: el par de patonas. Si no funciona ve sacando la manteca.”

(dedicado a Joselito, y a todos aquellos que seguimos estudiando para ganarnos la vida...honradamente)

Pequeño homenaje a la piscina de 8 patas

Cuando miro esta imagen, solo me viene una idea a la cabeza: la felicidad, y mi cara era el puro reflejo de ello. Esta maravillosa piscina, comprada por mi padre y mis tios para los primos, fue en infinidad de ocasiones la desencadenante de alteraciones, nerviosismo, histeria, gritos, alborotos y numerosos babuchasos por consiguiente. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando, con las altas temperaturas, sacábamos aquella bolsa marrón que contenía la preciada atracción.
Era ilusionante ver como los mayores montaban pata por pata, con sus tornillos, con su “esto donde cojones va”, su “aquí falta algo” o su peculiar “este hierro nos lo han dado repetido”, hasta que daban con la tecla y aquello iba cogiendo forma.
Para entonces nosotros ya teníamos encasquetado el bañador aunque el flotador del patito lo dejamos viendo que no la habían llenado mucho, una lástima porque por entonces yo solía hacer mucho el salto del angel con doble tirabuzón invertido hacia atrás con las polainas puestas, pensaría mi madre.

Para mí, ese lugar fue donde me sentí atraído por primera vez por la ciencia, viendo como se comportaban los gases dentro del agua, observando el cambio de coloración de mis labios o experimentando el fenómeno de la hiportermia .
Respecto al plano deportivo...,en fin, ¿que decir amigos?, creo que no habría llegado a ser el gran deportista que soy hoy.

Cuando nos fuimos haciendo mayores lógicamente fue perdiendo gracia, sobretodo debido a que teníamos otra atracción acuática: el chorro de la huerta, aunque eso amigos ya es otra historia.


"Dedicado a todas las piscinas de 8 patas o múltiplo de 4 que sirvieron en la década de los 80 y murieron con honor."

Friday, October 13, 2006

Deporte de alto riesgo: la pesca la mojarra

Finales de los años 90. Verano. 8 am. Tres hombres emprendedores si disponen a lanzarse a la ría de El Rompido con el propósito de tener una mañana de pesca tranquila y fructífera. ¿El barco?: una barquita hinchable de 1x2 metros con un par de palas para remar “a pecho partío”. Antes de partir hay que embarcar una nevera llena de bocatas y otra con litros de cerveza, un par de cubos para la pesca, una caja para los aparejos, las tres cañas, el ancla y una sombrilla; sí, habeís leido bien, una sombrilla dentro de una barquita hinchable. Todo ello, junto con nuestros protagonistas (mi padre, mi tio Fili y yo) que son de comer bien, hacen que se sobrepase el límite de peso que soporta la barca, es decir, la inestabilidad es absoluta. El tembleque de la barquita no inspira mucha confianza pero”pa lante”. 10 am., viene lo mejor de la mañana, la comida. Comenzamos el festín sin darnos cuenta que el tráfico de yates y lanchas es cada vez mayor y que la barca no para de moverse. Las malas vibraciones se van apoderando de la tripulación. La ingestión de cerveza está haciendo estragos, así que mientras uno mea de pie los otros dos hacen lo imposible por mantener el equilibrio y con ello la barca a flote. En ese momento una de las cañas parece haber enganchado algo. La incredulidad se apodera de todos cuando aparace lo que a primera vista parecía un choco. Mi padre arde en deseos de conocimiento expresado mediante un “¿¡qué coño es esto!?” y mi tio se acerca al choco mientras le grito “¡illo, sientate que vamos a ir todos al carajo!” . Yo sólo tengo ojos para los anzuelos de las otras dos cañas que están revoloteando por la barca amenazando nuestra integridad física, integridad que se fue por la borda cuando un “chiquetazo” de tinta proveniente del choco alcanzó de lleno el ojo de mi tio. Mientras veía como salía el chorro de tinta hacía su careto, visualicé lo que se iba a producir medio segundo más tarde: a la voz de “¡¡hijo puta¡¡” a grito pelao, con la mano tapandose un ojo, mi tio pedía ayuda correteando por la barquita, no apta para movimientos bruscos, y mi padre y yo intentábamos desesperadamente no caer al agua debido al movimiento sísmico que estaba ocurriendo. Mientras me aferraba a un lateral veía como mi tío arramplaba con todo el tinglao y metía el pié en el cubo del pescado que al intentar deshacerse de él lo lanzó de una patada al aire. En muchas ocasiones he visto un cielo plagado de estrellas pero mirar hacia arriba y ver una nevera, un choco tintero y una docena de mojarras voladoras cayendo sobre mi no lo habría firmado nunca. Mientras tanto mi tio Fili no tubo otra idea que enjuagarse con agua salada. Probablemente fuera la irritacíon del ojo lo que propició que gritara desesperadamente “¡¡que me quedo ciego cojones!!”. Aunque estuvimos a punto de volcar, poco a poco la cosa se fue tranquilizando lo suficiente como para recoger el ancla y tirar pa la orilla. El silencio reinaba en la embarcación aunque yo tenía una lucha interna para no reime de lo acontecido pero viendo la cara de mi tio cierto instinto de supervivencia me decía que no dijera ni una puñetera palabra. Así terminó la mañana de pesca. Desde entonces tengo otro concepto de este apasionante deporte. Para que luego digan que es aburrido. Es sólo un día en la vida de este chico.

"A mi tío Fili y a la memoria de mi abuelo Antonio"

Thursday, October 05, 2006

Lo que encontrareis


Sí amigos, me he decidido a hacer una blog por miedo a no ser aceptado por esta sociedad y para sentirme realizado. La tranquilidad y el sosiego se apoderan de mí como el hambriento que se mete un pepito de lomo. La verdad es que no tengo mucho que contaros aunque simpre habrá anécdotas por ahí. ¿Lo que encontrareis?..., ni yo mismo lo sé, supongo que simplemente cualquier cosa que podría decir tomándonos una birras para pasar un buen rato. Espero que os guste. Un saludo.

La increible pero cierta historia del "Trío Ternura"


(componentes del "trío ternura": Zarök-el menda-Peco)

Abril 1999, 19 añitos, y sin un duro en el bolsillo. Todo parecía indicar otra primavera-verano pasando penuria y miseria pero el destino quiso darme la oportunidad de conocer un trabajo cualificado, cómodo y bien remunerado....montando conciertos a 4€ por hora. Zarök, el Peco y yo gozábamos de una salud de hierro, hasta entonces. Pero seamos sinceros; a todo el mundo le gusta pedirse una tapa de carne con tomate y pagarlo de su bolsillo como un señor, así que nos decidimos a dar el paso.

La nostalgia me inunda al recordar esos montajes y desmontajes:
4 a.m., después de estar desde las 7 de la mañana del día anterior montando hierros hay algo en tus brazos que te dice “déjate ya de mamoneo”. No puedes parar porque tienes por jefe a un gordo de 200 kilos con rastas clavandote los ojos como diciendote “a ver si tienes cojones de soltar el hierro”. A Zarök ya no le da fuerza ni su bandana y pide ayuda a su hermano Dani, que pesa menos que el hierro y está a punto de morir ante la atónita mirada del Peco, que no puede hacer nada porque lleva un piano electónico de 250 kilos y yo visualizo cada vez mejor la entrada principal de García Morato. Gozábamos de un ambiente distinguido y seguro: si tenías que subirte a una altura de 10 metros que no se te ocurriese pedir arné porque te ponían de maricona y peligraba tu próxima convocatoria. Las últimas fuerzas que te quedaban las guardabas para cuando traían la comida: 15 bocatas para 30 personas y maricón el último, así que tenías que correr. Si después de la carrera no cogías ninguno...ve pidiendo suero.


Viendo que respondíamos satisfactoriamente, los jefes decidieron darnos un puesto de más responsabilidad: finales de Mayo, 4 de la tarde en el Real de la Feria y ni una sombra. En estos momentos aquella zona es un cementerio de hierros incandescentes de miles de metros cuadrados a 60ºC; con el uniforme (una puñetera camiseta NEGRA) el sol le está dando la del tigre al “trío ternura” con Dani remplazando a Peco que, sabiamente, mandó a tomar por culo el tinglao. Trabajabamos por cuenta agena y objetivos aunque para sacar un sueldo digno había que recoger los hierros de 14 casetas. Después de estar desde antes de amanecer , a las 4 de la tarde habíamos recogido un par de ellas con un andamio sin frenos, unos alicates oxidados y una llave inglesa que pesaba 3 veces el brazo de Dani. Algo fallaba así que nos fijamos en la otra cuadrilla que había por allí: un cani farlopero de 45 años, su sobrino del Vacie y un gordo putero (...). Eso nos hizo replantearnos algunas cosas.


Fue el comienzo del fin, sobretodo cuando nos pagaron unos 100€ por estar una semana pringando cuales morcis y con el lomo echao a bajo. Ya no coincidiríamos más en ningún trabajo. Con el tiempo cada uno se buscó las habichuelas por su cuenta aunque siempre recordaré con cierta nostalgia la historia del “trío ternura”.

Un saludo para los que algúna vez formaron parte de él.

Esto solo es una experiencia más de la vida de este chico.

Tuesday, October 03, 2006

Resumen of my life

Sí amigos, incluso ya de pequeño cuando me miraba en el espejo veía el reflejo de un triunfador. Y es que el peinado a raya sin tupé y los rizos estaban en alza. Ahí me teneis, con esa camisa de cuello biperino, y es que la elegancia se veía ya innata en mi.
Aahhhyy que felicidad amigos!!, por aquellos años 80 crecía feliz, ajeno a los peligros de la calle que me acechaban en años venideros. Como muchos sabreis, los "choros", ya extinguido y antecesor del cani, fueron una parte importante para mí y me ayudaron mucho a forjar mi personalidad, y es que mi barrio por aquellos entonces (años 90) no era precisamente el lugar mas indicado para gozar de la tranquilidad si tu cara de morci-feliz es un atrayente para todo tipo de "choratas". Sí amigos, me olían a kilómetros y me quitaban hasta la arcilla y las acuarelas para pretegnología con su puñetero pincelito. Qué hijos de puta. Aquí en el barrio se dice que uno se acostumbra al cabo de los años pero yo me acostumbré en un par de semanas. Afortunadamente en la última década esto ha cambiado mucho por aquí.
Ya en el intituto fui espabilando lentamente y cuando creí desprenderme completamente de mi morcillez me metí en perito.
Parte importante de mí es causa de esos colegas del barrio y de ese maravilloso mundo llamado Peñaflor, con esos amigos, con la huerta, con esas escapadas al campo con 3 kilos de panceta y 2 litros por cabeza.... Creo que el chiquillo de la foto de arriba no habría imaginado una vida con tantos recobecos y lugares maravillosos, aunque esto sólo acaba de empezar. Esto solo es un resumen de una pequeña parte de la vida de este chico.