Pequeño homenaje a la piscina de 8 patas
Cuando miro esta imagen, solo me viene una idea a la cabeza: la felicidad, y mi cara era el puro reflejo de ello. Esta maravillosa piscina, comprada por mi padre y mis tios para los primos, fue en infinidad de ocasiones la desencadenante de alteraciones, nerviosismo, histeria, gritos, alborotos y numerosos babuchasos por consiguiente. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando, con las altas temperaturas, sacábamos aquella bolsa marrón que contenía la preciada atracción.Era ilusionante ver como los mayores montaban pata por pata, con sus tornillos, con su “esto donde cojones va”, su “aquí falta algo” o su peculiar “este hierro nos lo han dado repetido”, hasta que daban con la tecla y aquello iba cogiendo forma.
Para entonces nosotros ya teníamos encasquetado el bañador aunque el flotador del patito lo dejamos viendo que no la habían llenado mucho, una lástima porque por entonces yo solía hacer mucho el salto del angel con doble tirabuzón invertido hacia atrás con las polainas puestas, pensaría mi madre.
Para mí, ese lugar fue donde me sentí atraído por primera vez por la ciencia, viendo como se comportaban los gases dentro del agua, observando el cambio de coloración de mis labios o experimentando el fenómeno de la hiportermia .
Respecto al plano deportivo...,en fin, ¿que decir amigos?, creo que no habría llegado a ser el gran deportista que soy hoy.
Cuando nos fuimos haciendo mayores lógicamente fue perdiendo gracia, sobretodo debido a que teníamos otra atracción acuática: el chorro de la huerta, aunque eso amigos ya es otra historia.
"Dedicado a todas las piscinas de 8 patas o múltiplo de 4 que sirvieron en la década de los 80 y murieron con honor."


3 Comments:
Me he quedao patidifusa con esta oda a la piscina de ocho patas, que ha sido sustituida por las piscinas en Rocadura, las casitas de la playa y demás adelantos propios de nuestra actual sociedad desarrollada.
Por cierto, anécdota, yo estuve e punto de ahogar a mi hermana, sí la que es tu novia, en una de ellas.
Quería probar la resistencia de sus pulmones bajo el agua, y mi padre la sacó con un tono morao pardo que no me veas, todavía me acuerdo del cachetazo que me dieron.
Elementos imprescindibles de una buena infancia en Peñaflor: Piscina de ocho patas en el corral de casa, en la que estaba terminantemente prohibido meterse hasta después de la sagrada siesta, y bocata de salami de merendar, alguna que otra loncha acababa flotando en la piscina, of course.
Eso sí que era un verano bueno.
yo recuerdo los veranos en Felix Rodríguez de la Fuente cuando nos sacaban a la calle una piscina de esas de roscas hinchables y nos pasábamos allí toda la siesta, pronto pasamos a las de 8 patas y no hace mucho a la de chapa...
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